Víctor Gil de Muro, un arqueólogo arnedano en Egipto

Repasamos algunos de los retos a los que ha tenido que enfrentarse el arqueólogo Víctor Gil de Muro para hacerse a las costumbres y normas de Egipto

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Hoy conocemos al arnedano Víctor Gil de Muro, un arqueólogo en Egipto. Después de estudiar la Licenciatura de Historia (2008-2013) realizó un Máster de especialización en Ciencias de la Antigüedad y Arqueología (2013 – 2014) en la Universidad de Zaragoza. Poco después comenzó a trabajar como auxiliar administrativo en una empresa zaragozana mientras estudiaba un segundo máster, esta vez de Profesorado en ESO y Bachillerato, con especialidad en Geografía e Historia (2015-2016).

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Desde entonces ha trabajado como arqueólogo profesional en diversos yacimientos aragoneses, ha sido guía turístico, y ha estudiado unas oposiciones, que no es un trabajo al uso, pero requiere la misma dedicación en tiempo y disciplina.

ENTREVISTA

Un arnedano trabajando y viviendo en El Cairo. Aquí tiene que haber una gran historia muy interesante de conocer

Antes de empezar a trabajar como profesor en España, quería vivir en otro país con una cultura totalmente distinta a la española, que tuviera una rica historia y posibilidades de trabajo como arqueólogo.

Pedí diversas becas para formarme en el extranjero, y tras obtener una para Egipto en la Universidad de Zaragoza, revisé la historia, la situación política, las costumbres, la sociedad y religión, y en general todo lo que me pudiera servir para minimizar el choque cultural. Vine dispuesto a tomarme las cosas con tranquilidad y mucho humor, eso me permitió superar situaciones difíciles durante las primeras semanas.

De todas formas, por muy mentalizado que llegues nada te prepara para la caótica forma de conducción de El Cairo, el inexistente sistema de recogida de basuras, el ducharse dos semanas empleando un cubo que contuvo yogurt, la llamada a la oración de las 4 y media de la mañana, un chaval jugando con una serpiente sobre la acera, o tener que luchar con una rata a la que le encanta dormir en uno de los cajones de tu cocina. Las situaciones han sido tan variadas y rocambolescas que decidí recogerlas en un diario.

Por supuesto Egipto también tiene cosas alucinantes, la historia, los edificios y restos arqueológicos, la comida, los precios, los oasis en medio del desierto, practicar el inglés, o la absoluta amabilidad de todos los egipcios que he conocido…

¿Te costó acostumbrarte al idioma, costumbres y forma de ser de la gente en Egipto?

No hablo árabe aunque estoy aprendiendo lo básico. Lo bueno de Egipto es que está muy enfocado al turismo y mucha gente habla inglés. Si preguntas cualquier información a un egipcio, y este no habla inglés, va a encontrar a alguien que lo hable, y si entre los dos no conocen aquello que preguntas, van a buscar a alguien que lo sepa. En alguna ocasión he formado corrillos de 8 o 10 personas tratando de ayudarme.

En cuanto a las costumbres y la forma de ser de la gente en Egipto, excepto el tema religioso, son muy parecidos a los españoles. Tienen el mismo sentido de la familia, de los amigos, las mismas expresiones y refranes, el mismo humor y las mismas ganas de buscarse un futuro mejor, en Egipto o en el extranjero. Les encanta salir con los amigos a cenar, a tomar té y jugar al dominó en las terrazas, o a ver el fútbol… Así que acostumbrarme me ha resultado muy fácil.

Como destino turístico Egipto es un país envidiable, ¿recomendarías su visita?

Egipto es una de las cunas de la civilización humana, y como en España, multitud de culturas han dejado huella, por lo que su historia y sus lugares arqueológicos son espectaculares.

Recomiendo venir mínimo 8 días, pasar tres o cuatro en El Cairo viendo las pirámides de Guiza, la ciudad islámica, el barrio copto, la ciudadela de Saladino y mezquitas con 800 años de antigüedad, además de probar la comida y bebidas egipcias.

Después visitar Luxor: templos de Luxor y Karnak, Valle de los Reyes, Templo de Hatshepsut, Deir el-Medina, Rameseum…los yacimientos son casi infinitos. Y en Luxor tomar un crucero que te lleve por el Nilo hasta Aswan, para disfrutar del extraordinario templo de Abu Simbel.

Con más días siempre puedes hacer una excursión a la ciudad de Alejandro Magno, a la orilla del Mediterráneo, o un viaje de dos-tres días al Oasis de Bahariya, para acampar en el desierto con los beduinos y dormir rodeado de silencio y estrellas.

Al igual que muchos países de Oriente Próximo, la zona en la que resides se caracteriza por una inestabilidad política continuada. ¿Te has sentido alguna vez inseguro?

Egipto ha tenido varios problemas en los últimos años: la Revolución de 2011 derribó a Mubarak y en las elecciones consecuentes ganó Morsi. Las protestas volvieron a las calles cuando Morsi trató de cambiar la Constitución, dar más poder al ejército y tratar de vincular religión y Estado. Un golpe de Estado del militar Al-Sisi derribó a Morsi en 2013, y desde entonces el ejército ejerce un férreo control sobre la población y el Estado.

Paradójicamente, para los países occidentales Al-Sisi proporciona estabilidad en una región esencial para el comercio mundial (Canal de Suez), y además el turismo y la protección de los turistas es una de sus prioridades.

Es verdad que existe un foco terrorista en el Norte de la Península del Sinaí y que esporádicamente atentan los islamistas, pero no es remotamente comparable a lo que pudimos sufrir en España hasta hace unos años. Además la policía y el ejército vigilan las calles y no existen los robos ni la delincuencia común (por respeto a los valores islámicos y por miedo al Estado), por lo que nunca me he sentido inseguro o en peligro.

La mayoría de la gente al pensar en un arqueólogo se le viene a la cabeza Indiana Jones o un señor mayor con un pincel para quitar el polvo y gafas ¿a cuál te asemejarías más?

Si tengo que escoger un estereotipo me quedo con Indiana Jones. En cualquier caso, del arqueólogo decimonónico, un explorador aventurero que contrata porteadores y busca tesoros para exponerlos en su despacho, no queda nada hoy en día.

La arqueología requiere una formación sólida, permisos legales, y un proyecto basado en la investigación y en la metodología científica. Solo después llega la prospección y la excavación arqueológica, que es la parte más visible de nuestro trabajo, y que dependiendo del lugar, sí que puede convertirse en una aventura.

Tras el trabajo de campo viene el trabajo de laboratorio, se estudian los materiales, se investigan todos los datos recogidos, se comprueban hipótesis y elaboran teorías, se difunden los hallazgos en congresos especializados y revistas científicas, y se entregan todos los materiales recogidos al museo correspondiente.

¿Qué nos queda por aprender todavía del Antiguo Egipto?

Existen multitud de proyectos de decenas de países, entre ellos España, que siguen investigando cómo vivían los antiguos egipcios y qué podemos aprender de ellos.

A mí me llaman la atención diversos aspectos que parecen sorprendentemente actuales: dedicaron grandes esfuerzos a la investigación en matemáticas, arquitectura, medicina, astronomía o química. En el ámbito social, la mujer mantenía su nombre, trabajo y cierta independencia al casarse, algo poco habitual en su época; se firmaba un contrato matrimonial y cualquiera de los cónyuges podía pedir el divorcio, eran liberales en cuestiones sexuales y usaban métodos anticonceptivos, concedían gran importancia a la familia y los ancianos eran un pilar fundamental de la comunidad.

En el administrativo, el Estado apoyaba y se apoyaba en los escribas o funcionarios, personas cultas e instruidas que registraban el nivel del Nilo y sus crecidas, la producción de las cosechas, su almacenamiento, los censos de población, los bienes importados y exportados…

Tenemos entendido que comenzaste a principios de año a trabajar en el Instituto Cervantes de El Cairo, ¿tienes pensado quedarte mucho tiempo?

Sí, empecé con una beca de tres meses en septiembre de 2018, pero al Instituto Cervantes le gustó mi trabajo, así que me ofrecieron seguir colaborando con el Dpto. de Cultura, y además trabajar como profesor colaborador impartiendo clases de Español como Lengua Extranjera.

El Instituto Cervantes tiene dos objetivos principales: el primero es la difusión de la cultura española e Hispanoamericana, por ello desde el Dpto. de Cultura llevamos a cabo actividades que muestran al público egipcio todas las artes en español: conciertos, talleres de cine con directores invitados, exposiciones, intercambios entre poetas españoles y egipcios, conferencias de arqueólogas trabajando en Egipto…

El segundo es la promoción y enseñanza de la lengua española, que se concreta en los cursos de español. Ahora mismo estoy dando clases a los alumnos principiantes, y sus ganas de aprender sobre nuestra lengua y cultura son sorprendentes.

Estoy aprendiendo muchísimo y por ello me quedo este año, si bien mi objetivo es encontrar proyectos arqueológicos donde trabajar en futuras campañas de excavaciones.

¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?

Echo de menos a mi familia, hablar con mi madre y que prepare comida casera, subir con mi padre y mi hermano al Isasa o ir a por setas, y cenar en casa de mis abuelos o tomar café mientras me cuentan historias de tiempos pasados. También a la cuadrilla, quedar para ir de chiquiteo a las 9 y empezar a cenar en la bodega a la 1 de la mañana, o subir a la cueva para ver si el vino ya está hecho o necesita otro trasiego.

También echo de menos la naturaleza y el silencio de una ciudad pequeña rodeada de montes y pinares. Y si hablamos de lo tangible, beber un buen Rioja, hacer un asado y hartarme de cerdo, o comerme una docena de ajos cuando llega la temporada, sin olvidar el huevo y la morcilla dulce de postre, por supuesto.

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